miércoles, 30 de julio de 2008

Amor y Guerra

Por Carlos Alberto Pérez Aguilar

Minutos después de las once, me largo, te dejo. Después de esa hora en tu cama estarás sola y mis pies en la calle. ¿Qué fue lo que pasó?... comúnmente no lo sé. Pero ahora lo entiendo y creo que tú también. No tienes nada que decir. No sueles hablar. Sólo callas.

A mi me parece que amar es pelear. Y lo entiendo así porque parece que el ego, la soberbia y el orgullo es lo que nos hace estar juntos. ¿Para qué?... Tampoco hay respuestas, al menos no las tienes, no las tengo. Sólo encuentro cuando pregunto miradas tuyas que reclaman, encuentro gestos que exigen algo que quisiera poder entender, pero nunca, nunca, nunca dices algo.

Te acuerdas que un día me dijiste que todo esto cambiaría. Que creceríamos juntos, que nuestros hijos serían felices. Pero en ellos sólo hemos contagiado esta ira que nos tenemos uno al otro. ¿También te acuerdas cuando no peleábamos?… ¿Te acuerdas?, ¡recuerdas qué bien estaba todo!. ¡Qué bonito que no me gritaras y que yo tampoco a ti! ¡Qué bonito era saber que trabajábamos los dos, por un ideal! ¿Cuánto duró eso?... ¡ja!, ahora me da risa.

Te confieso lo que siento y pido disculpas por no poder dejarte. También por no abrazarte después de hacernos el amor. Por no decirte que te amo cuando estás triste. Por golpearte cuando sueles fastidiarme. Por arrancarte la libertad que antes de mí tenías. Pero en serio, te amo.

A veces, después que pasa esto me doy cuenta que estoy un poco loco. Me doy cuenta que desvarío, pero no quiero perderte nunca. Perdón. Sé que no he sido el hombre ideal, ¡Como si alguien lo fuera!. Pero sé que me entiendes… ¿Por eso me soportas?, porque me entiendes. ¿Por qué me amas?

Creo que el amor sin guerra no es amor. Siempre inventamos algo para discutir y también para reconciliarnos. ¿Qué sería el amor sin guerra?... ¿Será que te amo tanto que sólo contigo soy lo que soy?ç

-Anoche escribí esto para ti. Anoche que supuestamente te dejé – comenté después que ella leyó esta carta.-

¿Será eso?, que sólo conmigo eres lo que eres – dijo ella recargada en mi hombro con las sábanas cubriéndole su cuerpo desnudo.

-Perdón – supliqué mirándole a los ojos. -Claro que sí – respondió añadiendo un beso al momento, que después de algún tiempo olvidaré.

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