domingo, 27 de julio de 2008

Los códigos de lealtad

Por Carlos Alberto Pérez Aguilar


Los códigos de lealtad se establecen en diálogos y no necesitan firmas, se plasman en un libro inexistente con letras transparentes pero que tienen más valor que cualquier documento que se tenga que firmar ante las leyes políticas, religiosas, sociales y morales o cualquier otra que pudiera existir.
Firmar un papel es el acto puro de negación de confianza, cuando en la lealtad, es la confianza el sujeto más importante de cualquier oración, de cualquier hacer. Veo con tristeza que un papel tenga más valor que la palabra. El olvido, es únicamente un pretexto que el hombre utiliza para no hacerse responsable de un acto.
Todo ser humano por naturaleza busca un cómplice, un escudero, una compañía que dé comodidad en los momentos más difíciles y una suma de reconocimientos por los triunfos, por mínimos e insignificantes que sean. La lealtad aconseja, cuestiona, critica pero no intenta imponer su voluntad, pone una gruesa barrera de hierro cuando dice: “es tu vida, es tu decisión, yo te apoyo y estaré contigo” comúnmente los círculos de lealtad son reservados y sólo pertenecen a ciertos grupos o individuos que crean murallas que deben ser impenetrables.
Los secretos se narran uno a uno, cuando ese sentir de compatibilidad y de entendimiento se unen para convertirse en una sola palabra: “confianza”. Cantar, reír, llorar, mentir, confesar. Escuchar una y otra vez, dar una opinión.
La lealtad es el valor más grande que debe haber entre seres humanos; es el único sentimiento que nos hace mantener relaciones diferentes a las que pudiera tener cualquier otro grupo animal existente en esta tierra, aunque por fortuna hay animales que demuestran una lealtad incondicional para con el humano, pero la diferencia de la lealtad entre un animal y un ser humano es que no existe conversación, que es el único medio de comunicación fraternal. Un perro se sienta a un lado tuyo y te observa cuando estás triste. En cambio, un humano se coloca a un costado de ti, te observa, pero también te dice: “estoy contigo” y después te abraza.
Cuando a alguien le es quebrantado el código de lealtad, la sangre que corre por sus venas se convierte en lava, generan un ardor dentro del cuerpo que se siente justo de bajo del pecho y recorre, hirviendo, cada una de las venas del cuerpo, provoca malestares como mareos, dolor de espalda y una incesante necesidad de buscar respuesta a las preguntas: “¿Qué pasó?, ¿Por qué pasó?”... causa también insomnio y mal humor, se representa por medio de ojeras y aliento alcohólico, en la búsqueda obstinada de las respuestas a esas preguntas.
En cambio, aquél que violó los códigos de lealtad es castigado por un pequeño y diminuto ser que busca implantarse en lo más profundo de las entrañas, que son ese lugar oculto del organismo que se encuentra entre lo físico y lo espiritual.
También aquél al que no se le respetó el código de lealtad procrea este microscópico individuo al no encontrar contestaciones que le expliquen la desobediencia del código de lealtad del otro.Las entrañas están cercanas al intestino delgado y si la conciencia lastima al ser humano es porque hace un largo viaje dentro del cuerpo; por mucho tiempo permanece en el cerebro, es por ello que lastima tanto, al final, cuando se instala en esas entrañas y encuentra un departamento disponible en el edificio de los errores, se queda ahí, quieto, pero de vez en cuando se asoma para decirte “ya cometiste este error”, e involuntariamente se produce la necesidad de decir: “aprendí”.
Creer, ser fiel, ser coherente y congruente son los requisitos básicos para los códigos de lealtad que establecen en el primer párrafo una frase trillada que dice: “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran”, así inicia este código el cual finaliza: “a quien haya cumplido plenamente con este código de lealtad, su nombre será escrito en letras doradas y por la eternidad, en este libro inexistente, por esa persona o personas con la cual cumpliste lealmente cada uno de los pasos a seguir en este código de lealtad”.

1 comentario:

milene dijo...

La lealtad es el primer valor de una amistad...Gracias Alegría